lunes, julio 02, 2007

TEXTOS SOBRE LA HUMILDAD (II)
(de una carta de San Ignacio de Loyola a Sor Teresa Rejadella, Venecia 18/06/1536, en castellano antiguo)

(…) Asimismo me pedís intensamente os escriba lo que el Señor me diere, y determinadamente diga mi parecer. Yo lo que siento en el Señor y determinado diré de mucha buena voluntad; y si en alguna cosa pareciere ser agrio, más lo seré contra aquel que procura turbaros, que contra vuestra persona.

En dos cosas el enemigo os hace turbar, pero no de manera, que os haga caer en culpa de pecado que os aparte de vuestro Dios y Señor; pero os hace turbar y apartar de su mayor servicio y vuestro mayor reposo. La primera es, que pone y persuade a una falsa humildad. La
segunda, pone extremo temor, adonde demasiado os detenéis y ocupáis.

Y cuanto a la primera parte, el curso general, que el enemigo tiene con los que quieren y comienzan a servir a Dios Nuestro Señor, es poner impedimentos y obstáculos, que es la primera arma con que procura herir, por ejemplo: “cómo has de vivir toda tu vida en tanta penitencia, sin gozar de parientes, amigos, posesiones, y en vida tan solitaria sin un poco de reposo; cómo de otra manera te puedes salvar sin tantos peligros”; así nos da a entender que hemos de vivir una vida más larga, por los trabajos que antepone, que nunca hombre vivió; no nos dando a entender los solaces y consolaciones tantas, que el Señor acostumbra dar a los tales, si el nuevo servidor del Señor rompe todos estos inconvenientes, eligiendo querer padecer con su Creador y Señor.

Luego procura el enemigo con la segunda arma, es a saber, con la jactancia o gloria vana, dándole a entender, que en él hay mucha bondad o santidad, poniéndole en más alto lugar de lo que merece.

Si el siervo del Señor a estas flechas resiste con humillarse y rebajarse, no consintiendo ser tal, entonces el enemigo intenta persuadirle con la tercera arma, que es de falsa humildad, es a saber, como vee al siervo del Señor tan bueno y tan humilde, que, haciendo lo que el Señor manda, piensa que aun todo es inútil, y mira sus flaquezas y no gloria alguna; le pone en el pensamiento, que, si alguna cosa habla de lo que Dios Nuestro Señor le ha dado, así en obras, como en propósitos y deseos, que peca por otra especie de gloria vana, porque habla en su favor propio.

Así procura que no hable de cosas buenas recibidas de su Señor, porque no haga ningún fruto en otros; ni en sí mismo tanto, porque acordándose de lo que ha recibido, siempre se ayuda para mayores cosas; aunque este hablar debe ser con mucha prudencia, y movido por el mayor provecho de ellos, digo de sí mismo, y de los otros, si haya tal disponibilidad y creyendo que serán receptivos y lo aprovecharán. Así, al vernos humildes, procura llevarnos a la falsa humildad, es a saber, a una extrema y viciada humildad.
(…)
Así debemos mirar mucho, y si el enemigo nos alza, bajarnos, considerando nuestros pecados y miserias; si nos baja y deprime, alzarnos en verdadera fe y esperanza en el Señor, rememorando los beneficios recibidos, y con cuánto amor y voluntad nos espera para salvar; que el enemigo no tiene en cuenta si habla verdad o mentira, mas sólo busca vencernos. (…)

Comentario: El tentador adapta sus tentaciones al nivel de cada persona; san Ignacio tiene una regla de discernimiento en que lo describe así: “Asimismo se comporta como un caudillo para conquistar y robar lo que desea. Porque así como un capitán y caudillo de un ejército en campaña asienta su campamento, y mira las fuerzas y disposición de un castillo para combatirlo por la parte más débil; de la misma manera el enemigo de la naturaleza humana, rodeando mira entorno todas nuestras virtudes teologales, cardinales y morales, y por donde nos haya más débiles y necesitados, por allí bate y procura tomarnos.” (Ejercicios Espirituales n° 327)

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7 Comments:

At 7/02/2007 05:52:00 p. m., Anonymous Anónimo said...

El demonio ataca al catillo por tantos frentes, ni le hago caso, porque si tengo que estar pendiente de tantas cosas me hago un lío, prefiero confiar en el Señor y que el vaya arreglando las cosas que yo estropee.
Ya se encarga el Señor de poner al demonio en su sitio.
Yo sólo a confiar en el Señor y ha hacer lo que el me diga, lo del demonio es harto complicado para mí.
Pero en una ocasión pasé unos meses muy malos, cuando el demonio me quiso sacar de la Iglesia, lo pasé fatal no se lo deseo a nadie.
Fué una tentación durísima y larguísima.
Pero al fin vino el Señor en mi ayuda, como siempre.

 
At 7/02/2007 06:14:00 p. m., Anonymous rosa said...

La humildad, uno nunca sabe si va a pecar por exceso o por defecto.
Yo pienso que las cosas buenas que uno pueda tener no son méritos nuestros, sino de aquel que todo lo puede, cuando El nos abandona a nuestras propias fuerzas, te das cuentas de que uno por sí mismo no es nada.

 
At 7/02/2007 06:19:00 p. m., Anonymous rosa said...

Lo de la humildad, uno nunca sabe si va a pecar por exceso o por defecto.
Yo pienso que las cosas buenas que uno pueda tener no son méritos nuestros, sino de aquel que todo lo puede, cuando El nos abandona a nuestras propias fuerzas, te das cuentas de que uno por sí mismo no es nada.

Mi lema para todo siempre es, la confianza en El Señor.
"El siempre me dice: tú, sólo ámame y confía en mí que yo haré lo demás, y eso intento hacer.

El resto de las cosas es muy complicado para mí, las grandes teologías para las grandes almas de los Santos.

Yo Francesc soy demasiado pequeña.

 
At 7/02/2007 06:23:00 p. m., Anonymous rosa said...

No me da tiempo de analizar tantas cosas, yo sólo a amarle y El hará lo demás.

 
At 7/03/2007 04:31:00 p. m., Anonymous +Sergio said...

Hola Francesc,

Pues una buena notícia, se han roto las ataduras en esa persona que me impedía acudir a mi grupo de oración.

Alabado sea Dios, que hoy iré.

Ha sido una lucha.. en la que siempre vence el Señor.

Soldado sin sueldo, soldado raso sin aspiraciones a ascender y con el fusil de la oración.

Por amor al arte? no, por amor a Dios.

Tu post de hoy, muy bueno sobre el combate espiritual, ese combate real siempre y nosotros con nuestro Dios vivo, Señor de los ejércitos.

Puedo parecer un exaltado, pero únicamente es que estoy contento.

¿Quién como Dios? Dios provee. ..ningún mal temeré porque tú vas conmigo..

Dios les bendiga.

+Sergio

Sagrado Corazón de Jesús, presente en todos los Sagrarios del mundo, en tí Confío! Siempre!

 
At 7/03/2007 09:34:00 p. m., Blogger Francesc Xavier Sanuy said...

Sergio, me alegro de que valores este post, porque a Rosa y a Anónima las veo con una simplicidad que no me parece ser del todo la la que el Señor nos pide ("Sed sencillos como palomas y ASTUTOS como serpientes").

Es verdad que el discernimiento es algo más sencillo y consiste en sentir las cosas como Dios, pero hasta que no se llega a la cumbre de la santidad hay que apoyarse mucho en las reglas de discernimiento y en la dirección espiritual. Vayamos por ese camino Sergio, que nosotros no somos tan santos como Rosa y Anónimo ;)

Anónimo: Lee bien la regla de san Ignacio: precisamente dice que no ataca por todos los frentes, sino que concentra su ataque en el punto débil; descubre ese punto débil, concentra el 95% de tus esfuerzos ahí y vencerás el 99% de las tentaciones.

Rosa dijo: Lo de la humildad, uno nunca sabe si va a pecar por exceso o por defecto.

Respondo: Desconfías de la razón y de la sabiduría que tu creador a puesto en ti... humm, no me suena a humildad de la auténtica.

Rosa dijo: El resto de las cosas es muy complicado para mí, las grandes teologías para las grandes almas de los Santos.
Yo Francesc soy demasiado pequeña.

Respondo: No confundas pequeñez con apocamiento. Si hay algo que no has entendido pregunta, porque es una doctrina muy común que predicamos muy a menudo a todo tipo de gente. No te rebajes más de lo que Dios quiere... cuidadito, cuidadito...

 
At 7/03/2007 09:36:00 p. m., Blogger Francesc Xavier Sanuy said...

Pienso que añadiré más textos sobre la humildad, pero estos escritos por una mujer: Santa Teresa de Avila.

 

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