martes, enero 15, 2008

ADIOS HNA. HENRIETTE

[Entrevista realizada a una monja de 35 años de la congregación de las Hnas. Carmelitas de Vedruna –vecinas nuestras en Kimwenza-]

Henriette, ¿quieres compartir con nosotras tus sentimientos, ante esta situación de enfermedad que vives?

Quiero compartir con mis Hermanas, los sentimientos que vivo en estos momentos.
Al principio, cuando me anunciaron la enfermedad, mis ideas se dispersaron de tal manera que temía perder la fe y confianza en Dios, pero después pensé: “No, quiero abandonarme en las manos del Señor, y de vez en cuando me iba a la capilla para pedir al Señor la gracia de la confianza y también que aumente mi fe para aceptar esta enfermedad, incluso si ella me lleva a la muerte, y que pueda prepararme poco a poco. El entorno me ayudó mucho pues me comunicaba con la Hna. Felisa y ella me decía siempre: “El Señor te ayudará, no te desanimes”. Esto me ayudó mucho.

Yo tenía una paz profunda. La gente que venia a verme lloraba, hacía muchos comentarios….pero eso no me hacia nada, yo seguía serena y bien, con una alegría profunda. La gente comentaba: “está enferma y no se hace problema, como si no estuviera enferma”. A veces yo era la primera en consolar y animar a la gente que me venia a ver. Y les decía, tenemos que rezar, esto va a pasar.

Pero cada día mi enfermedad se agravaba; me dolía todo, muchas veces pasaba las noches en blanco, quejándome, dando vueltas par buscar posturas….incluso si tomaba la medicación, no me hacia absolutamente nada; los dolores continuaban. Yo creía que me moría. Un día le dije a la Hna. Felisa: “voy a buscar a la provincial, donde se encuentre, para pedirle volver al Congo”. Ella me contestó: “¿crees que aquí no hay médicos que puedan curarte? Quédate, no te marches; nosotras estamos contigo y ves cuánta gente está contigo, reza por ti y te cuida…Tu eres Carmelita y tanto aquí como en el Congo, tendrás una Comunidad Carmelita que te cuidará; no te preocupes para marcharte, quédate aquí que te cuidaremos”.

Un día tuve ánimo para decir al doctor que me cuidaba, que si veía que no hay mejora, me podía hacer un traslado. La Hna. Felisa me dijo: “¿De verdad quieres irte?” El doctor le respondió que había que respetar el deseo de la enferma, que no se le podía frenar, pero añadió: “voy a reflexionar y dentro de dos días te llamaré por teléfono”. Como no me llamó por teléfono, el tercer día le llamé yo y le dije “Doctor, como hace poco tiempo que yo vine aquí, con una buena salud, pienso que cuando me vea mi familia en este estado, se asustarán, y por ello no reflexione más. Quiero quedarme aquí, Vd. me tratará y veremos lo que el Señor quiere de mí. El doctor me respondió: “Muy bien, es una buena idea y te aconsejo que te encomiendes a un Santo. La enfermedad nos llega, pero se va poco a poco. Nosotros estamos a tu lado, pero tu reza a algún Santo que tengas devoción y el Señor te ayudará”. Su respuesta me animó y de vez en cuando, cuando me sentía un poco mejor, iba a la Capilla y pedía al Señor que se haga su voluntad y que no me desanime para que pueda vivir este tiempo con serenidad y aceptación total. Cuanto más rezaba, más sentía una profunda paz, como ya he dicho al principio. La paz reinaba en mi corazón, incluso cuando tenía dolor. Pensaba que llorar no me haría bien y prefiero sufrir con el Señor. Y le decía: “Señor ven conmigo, toma mi dolor y dame tu dolor. Vamos a sufrir juntos”. Cuando oraba así, me sentía consolada y animada a pesar del dolor.

Cuando llegó la Hna.Teo, no me vio bien, y buscaron un especialista y con un señor francés, que nos quiere mucho y colabora con nosotras en el Centro fuimos a la visita; cuando me vio el doctor dijo: “¿Cómo podéis tener en casa a una enferma así? Debe ser hospitalizada.”
Las Hnas. tuvieron que volver a casa porque en ese hospital, los enfermeros lo hacen todo. Me quedé en el hospital durante 15 días y en ese tiempo me hicieron muchos análisis, en los que pudieron confirmar la misma enfermedad “una cirrosis de hígado bastante avanzada”.

Henriette, cuando los médicos te dijeron que tenias una cirrosis de hígado, ¿cuál fue tu primera reacción? ¿Y ahora cómo vives tú eso?

Cuando al principio me hicieron una ecografía en la policlínica donde seguía el tratamiento, el especialista que me hizo la ecografía, me recibió mal y me anunció la enfermedad Yo no sé como ese día no me caí, pues yo sabía que era una enfermedad incurable, pero ese día estaba tranquila , y solamente le pregunté : “¿Esta muy avanzada la enfermedad?” El me respondió: “Estás mal, y cuando el hígado está enfermo no se puede reparar como las otros órganos que se pueden curar; el hígado es el todo de la vida, de la persona, y cuando el hígado esta enfermo, se acabó, entonces te morirás”. Ese día en el hospital, yo no me preocupé porque ya lo sabía. Cuando volví a casa, el primer día, estaba perdida. La segunda vez que fui al Hospital militar, cuando el médico me anunció, lo acepté, y como era la hora de pasar consulta a los enfermos, vinieron varios médicos y todos se admiraron de mi serenidad. Fue verdaderamente un don que recibí del Señor. No estaba inquieta, no me hacia problema, y acepté la enfermedad, por eso la gente se admiraba. Cuando venían a verme ellos lloraban y yo estaba serena; les miraba, les sonreía y les animaba diciendo que “debemos rezar, y aceptar la realidad de la vida. Que hay un tiempo para comer, para trabajar, para estar enferma, aunque la enfermedad sea grave o pasajera. Tengo esta enfermedad y vamos a cumplir siempre la voluntad de Dios. El Señor no me abandonará nunca”. Es curioso como todo el mundo rezaba por mí.

Las Comunidades religiosas cuando se enteraron de mi enfermedad pidieron a la Comunidad de les Hnas. Clarisas que rezara por mí. También en nuestra Parroquia y en otras Comunidades religiosas rezaban. Sobre todo las religiosas de la Inmaculada, que quieren beatificar a su fundadora Emilie de Villenueve, encomendaron a ella mi enfermedad. También había un grupo de niños que venia a rezar al convento para pedir la beatificación de la Hna. Jeanne Gabrielle, que había trabajado mucho en Libreville y buscaban un enfermo para pedir la curación por su intercesión. Las Hnas. de la Inmaculada pusieron mi nombre en el altar y los niños rezaban por la Hna. Henriette, así que estoy admirada de lo mucho que rezaban por mí. Verdaderamente me sentía sostenida y el dolor disminuía. La paz y la confianza aumentaban y pensaba: “El Señor me ama mucho, aunque en el dolor. No deja de manifestarme su amor en este tiempo de enfermedad. Así vivo en esta actitud de fe y aceptando esta situación, incluso si me dicen que voy a morir, no pasa nada, pasaré una buena muerte, y no quiero sufrir porque ya estoy preparada; creo que el Señor hará un milagro en mi vida, y ya lo está haciendo.

El día que llegué al Congo, me sentía como un cadáver; todos lloraban, y cuando pasé delante de la casa de mi familia también lloraban. Cuando llegué a la casa del noviciado, a pesar que desde hacía un mes no comía nada, empecé a comer el “fufú”, dormí como un bebé y no sentía esos dolores fuertes que me agobiaban toda la noche, y dos días después empecé a sentir una fuerza que no se de donde me venia. Desde entonces, no siento aquellos dolores y eso es ya un milagro para mí. También me parece un milagro cuando puedo sonreír, contar lo que he pasado, cuando ando, y voy hasta Canisius a Misa, cuando hago los 100 pasos, ayudo a las novicias a cortar la saka-saka y otros trabajos pequeños .

Mi familia también ha cambiado, pues un día vinieron con un señor para curarme con el medicamento tradicional y hubo un debate entre mi familia y las Hnas., y yo misma intervine para rechazar pues ya me estaban curando con antibióticos y otros muchos medicamentos .El cortar de golpe mi tratamiento podría hacerme mal; prefiero terminar la cura que sigo y después del control ya se vera pues yo no rechazo el medicamento tradicional.

Después de dos días, vino mi hermana para decirme: “he reflexionado, y como yo soy la responsable de la familia ahora, puedo hacer una carta y firmarla diciendo que no te trataran con el medicamento indígena, que tu continuaras con tu tratamiento, y no te haremos sufrir y en el caso de que pase algo, yo soy la responsable. Vamos a rezar mucho porque estoy convencida que el Señor hará algo por ti, y muchos se convertirán y reconocerán al Señor”. Y le di las gracias y le dije: “yo pido al Señor de ver en mi vida, una buena acción que he hecho, incluso cuando era pequeña, y que me haga justicia, y El lo hará. El lo ha hecho ya pues la fuerza que tengo ahora, no la tenía antes. No podía creer que hoy llegaría a andar, comer, dormir. Todo esto es una gracia del Señor”.

La madre también ha enviado una carta al P. Jules, diciéndole que no busquemos curar a Henriette con medicamentos indígenas. Dejad que el Señor actúe en su vida. Estamos convencidos de que todo el mundo reza. El Señor no la abandonará nunca y su curación será un testimonio para toda la familia.

Esta unión y comunión en mi familia me da paz y alegría. Mi familia me anima siempre cuando me viene a ver y cuando se van me dicen “te dejamos entre las manos del Señor y seguiremos rezando; el Señor va a hacer, ya ha hecho, pero lo hará todavía mejor de lo que lo ha hecho”, y es lo que estoy viviendo este tiempo: quiero hacer la voluntad de Dios. También quiero decir que mi hermano me aconsejó de vivir en fidelidad y ser testimonio de lo que El Señor esta realizando en mi vida con esta enfermedad. Siento una paz profunda, que viene de Dios, serenidad, alegría en el fondo de mi corazón, no me hago problema...Y esto lo comparto con la gente que viene a verme y también con las personas que me rodean.

Cuando creía que me iba a morir pensaba “El Señor da y El retoma”. Como ya había aceptado la enfermedad y la muerte, me decía “voy al encuentro del que me ama”. Del que sirvo. Del que busco, y estoy contenta de ir a ese mundo donde no existe ni el sufrimiento ni el dolor. Lo siento por mi familia pues dirán que me voy aún joven, pero yo voy al encuentro del Señor, viviré siempre con El en la Gloria. .

Henriette, en estos momentos que te sientes más próxima a la muerte, aunque yo podría estar más próxima, sólo el Señor lo sabe, pero por lo que los médicos han dicho. ¿Querrías decir algo a las Hnas. aunque el Señor te conserve la vida? Es el testimonio de tu experiencia ante la proximidad de la muerte.

Respecto a nuestra Provincia yo pensaba al principio que la Provincia es muy joven y en busca de nuevos miembros, y ahora pierde una Hermana joven y esto supone mucho, pero después pensé que esta pérdida puede dar mucho fruto, que podría aportar mucho al Señor, que llevara a las Hnas a la reconciliación, a vivir en confianza y en donación total a Dios. Con esta enfermedad, he aprendido a reconciliarme conmigo y con los otros. Ahora acepto a todos como hijos de Dios, todos son mis hermanos, y no hago diferencias.

Y vuelvo a pensar en la Provincia, para decir que aunque sea triste perder una Hna. porque no somos muchas, la Biblia nos dice “Si el grano que cae en la tierra no muere, no da frutos, pero si muere da mucho fruto”. Puede ser que yo sea este grano que cae para dar mucho fruto a la Provincia.

Bien, ¿quieres añadir algo más?

Por el momento sólo añado mi gratitud a todas las Hnas. que rezan por mí, y sigo contando con sus oraciones. Que sigamos unidas siempre en nuestra oración, en nuestra vida y en la búsqueda de la voluntad de Dios.

Gracias, Sr Henriette, por tu testimonio.

KIMWENZA, 1 de diciembre de 2007

[Nota: la Hna. Henriette murió una hora antes de la llegada del año 2008]

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2 Comments:

At 1/16/2008 09:57:00 a. m., Blogger Javier Padre said...

Has de saber que las enfermedades graves del higado tienen 2 tipos de soluciones, a saber: a)Transplante total de higado procedente de un recien fallecido compatible. b)Transplante parcial de higado procedente de un recien fallecido o de una persona viva que dona una parte de su higado. Hay que decir que el higado y la médula se regeneran a partir de una pequeña parte sana implantada.
Si alguien puede complementar esta información, agradeceré que lo haga.

 
At 1/16/2008 10:46:00 a. m., Blogger Dorli said...

A partir de ahora habrá que encomendarse a la Hna. Henriette. Testimonio impactante.
Gracias por compartirlo con nosotros.

 

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